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martes, 17 de junio de 2014

Podemos o no Podemos... ¿Es esa la cuestión?

Parafraseando...

Podemos o no Podemos, esa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del político, señalar con penetrante dedo las mentiras de otros, o enfrentarse con ejemplos a este torrente de calamidades, y darlas fin cuando llegue el momento? Prometer es ilusionar. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las mentiras se acabaron y la corrupción sin control tan propia de nuestra naturaleza?...

Este es un término que deberíamos sopesar con calma. Prometer es Ilusionar... y tal vez ¿cumplir? Sí, y éste es el gran obstáculo, por que pensar a la ligera que las promesas se podrán cumplir en el silencio de un gobierno, cuando hayamos depositado nuestro emocionado voto en este democrático despojo, es el primer paso para considerarnos engañados. Esta, por desgracia, es la consideración a la que llegamos tras 35 años de… ¿democracia?

Podemos o no podemos. Eso es lo que me pregunto. Ellos, los unos y los otros, no pudieron, y más que eso, "pudientes" se volvieron gracias a nuestra impertinente levedad. Mi voto, mi ilusión y mi futuro reniegan de gaviotas y de rosas, de derechas y de izquierdas… ¿no hay más? Triste sociedad donde sólo hay cabida para dos ideas, dos ilusiones, dos proyectos. Pero me pregunto… ¿Cómo llegamos a ésto? Y con un escalofrío llego a la respuesta: Con Promesas. Con promesas incumplidas. Pues es más gratuito lanzar promesas que comer pipas los lunes al sol. Por eso, cuando me encuentro a un Pablo Iglesias y su Podemos, lo siento, pero recelo, porque me da miedo confiarle mi voto, mi ilusión, mi futuro y el de mis hijos y cuando llegue el momento, si es que llega, pensar mientras como pipas: ¿Tú también, Pablo? 

Y si le miro, acepto su empatía. Yo no tengo un traje de 1.000 euros y él, no sé si lo tiene, pero al menos no se lo pone para hablarme de recortes. Si le escucho, asiento en su mensaje, un mensaje que, perdonad mi recelo, coincide tan milimétricamente con mis ideas que me da miedo. ¿Quizás es eso? No puedo evitar imaginar en mi mente paranoica (a la fuerza la hicieron así los unos y los otros) a un gabinete de prensa y otro de marketing haciendo una lista con todas aquellas cosas que nos han tocado los cojones durante los últimas legislaturas. ¿Es acaso Podemos y Pablo un producto? No lo sé, pero me encantaría pensar que no lo es. Lo que sí tengo claro es que "los unos y los otros" sí que lo son, o más bien, lo fueron.

Entre Hamlet y su calavera, yo me pregunto si es posible… ¿Son sus promesas fruto de un estudio profundo de nuestros sueños y frustraciones, o son fruto de un estudio basado en una realidad viable y futura? A mi hija le he prometido una casa en un gran árbol en el centro de un gran jardín de una futura "mejor casa" porque vio una foto y sus ojos brillaron. No pude evitarlo. Se lo prometí, pero en mi estudio nocturno de las cuentas en rojo, sé que ese sueño por ahora no es viable. Mañana tengo pensado revelarle tal realidad.

Cuando Pablo, cuando Podemos prometen lo que prometen, por ejemplo, el derecho de una renta básica de 650€… ¿Es porque nosotros vimos una foto y nuestros ojos brillaron o porque se ha estudiado la viabilidad real de tal propuesta? Cito del programa de Podemos: "Financiación a través de una reforma progresiva del IRPF y de la lucha contra el fraude fiscal" Y tres conceptos me preocupan: "Progresiva", "lucha contra el fraude" y, sobre todo, que algo parecido escuché a uno de izquierdas que se volvió de derechas y terminó con un tremendo "dilema" Y ahí está, recibiendo una pensión vitalicia de mi bolsillo y con esa joyita de su programa aún en el tintero.

Y no seguiré con las promesas incumplidas de éste expresidente (a mano de cualquiera que busque un poco) ni de las que se pasa por ahí el de ahora (también muy a mano), lo que me preocupa es que tanto el uno como el otro usaron sus promesas como cebo electoral, señalando con el dedo las mentiras del otro y diciendo, con voz orgullosa y segura, con corbata de color estudiada y lenguaje corporal aleccionado: Yo sí que lo cumpliré. Y todos, como rebañitos amaestrados, con ojos brillantes por la foto que vimos, confiamos en que lo iban a cumplir. Prometer es ilusionar, pero de forma tajante, por ley, bajo pena de despido por incumplimiento de contrato, deberían las promesas también ser "Cumplidas en un tiempo determinado", como se le exige a cualquier trabajador.

De aquellos barros, mis dudas y recelos. Pablo promete, Podemos ilusiona. Y si no fuera por la triste historia política, hasta yo confiaría en que cumplirían sus promesas. Pero me temo que ya es tarde.

Quizás me decida a ilusionarme, o al menos, a implicarme con un político, cuando exista uno que me firme por contrato que cumple su programa hasta un aceptable porcentaje o abandona o, como mínimo, adelante elecciones. Tan dulce sabor tienen las promesas como amargor su incumplimiento, os lo digo con experiencia, ya he visto la tristeza en los ojos de mi hija cuando le dije que los reyes y príncipes que salen en el telediario no me gustan nada porque nada se parecen a los de los cuentos.

Podemos o no Podemos… Al fin de todo, puede que esa no sea la verdadera cuestión. Podrán o no podrán. Porque si nos paramos un segundo a pensar… ¿Cuál es la diferencia entre Pablo Iglesias y los otros? Ellos llegaron a sus tronos con promesas que luego no cumplieron. ¿Qué garantías tenemos de que esto no sucederá otra vez con los otros? Mientras no cambiemos, fumiguemos y regulemos a políticos y sus promesas, aquí cualquiera puede prometer y luego, desde su trono, justificar lo imposible de cumplir sus promesas, señalando al predecesor, por ejemplo.

Pero siempre he sido fiel a la moral de que uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Si me dan a elegir, me quedo con Pablo, pero no porque me guste, sino porque la alternativa es patética, y de vueltas, como decíamos ayer, qué triste que nuestro voto se decida por descartes y no por libre elección. Sólo hay algo que por ahora me hace escuchar a Pablo Iglesias cuando habla, y es que los otros dos perdieron ya mi voto, y Pablo no se lo ha ganado todavía, pero por lo menos no lo ha perdido.



Sólo temo una cosa, que prometer no es cumplir, y al final me vuelvo a mis raíces y a mi tierra y recojo de otro sabio aquello que decía  "que toda la vida es sueño, y los sueños…" ¿sueños son? 



martes, 3 de junio de 2014

Pruebas, evidencias, croquetas y azúcar.

Ven, hijo mío, siéntate aquí. Sí, ya sé que sólo tienes 4 años, pero visto cómo anda la plaza y observando tus ingenuas carencias, creo imprescindible que comience a adiestrarte en el que parece ser necesario arte del engaño y mentira.  En la lección de hoy hablaremos de evidencias y pruebas; ambas deberías evitar, pero sólo unas te acusarán. Como así acaba de ocurrir.

Bien, te he puesto para cenar unas croquetas y, sabiendo que te gusta mucho mojarlas en azúcar, tradición ancestral de la familia, también añadí un motoncito bajo la inquebrantable regla de no abusar y no usar el dedo chupado para limpiar el plato de tan dulces granitos. Si acababas con las croquetas, debías renunciar al azúcar sobrante pues, por un lado, su abuso es pernicioso para tu salud, y por el otro, las reglas del decoro están por algo y es muy feo rebañar el plato con el dedo.

Mi sorpresa –o más bien no-, ha sido encontrarme el plato como una patena diez minutos después. Y me refiero a que no sólo no quedaba el menor rastro de croqueta, tampoco quedaba ni un minúsculo granito de azúcar, algo físicamente imposible si la herramienta usada hubiera sido el tenedor o una misma croqueta. Sí, hijo, una croqueta deja rastros de bechamel o de pan rallado. Este aspecto, la ausencia de rastros, no es delito alguno en sí mismo, pero sí que "evidencia" uno: Infracción flagrantemente las reglas del decoro. La pregunta es: Si no has usado una croqueta –algo que se demuestra por la falta de rastros-, ¿Cómo demonios has conseguido rebañar el azúcar? La única respuesta posible es una: Lo has hecho de forma ilegal.

Cuando un asesino limpia el escenario, la policía científica no encuentra pruebas, hijo mío, pero esa absoluta falta de pruebas, de rastros "evidencia" que se ha cometido un crimen. Cuando un político vive por encima de las posibilidades dadas por su economía pero las investigaciones del fisco encuentran todo en regla, no hay pruebas de fraude o sobornos, pero su mansión millonaria es una clara evidencia.
Y las Evidencias son incómodas, te colocan bajo la lupa de sesudos investigadores como yo, pero no implican culpabilidad ni demuestran delito alguno por sí mismas. Podrías librarte de la cárcel o, en este caso, del castigo de privación de Bob Esponja. Sólo podrás estar tranquilo si tu concienzudo plan no ha dejado rastro alguno.

Pero, hijo, llevo años investigando crímenes de todo tipo, también de este tan particular. Yo mismo he cometido delitos punibles de características similares, por eso me he centrado en el estudio detallado de tu plato. Colocándolo con cierto ángulo respecto a la luz se puede observar la existencia de cierta sustancia pegajosa que dibujaba una perfecta espiral aurea recorriendo todo el plato. Esa sustancia pegajosa no puede ser otra cosa que la combinación de saliva y sacarosa (azúcar disuelta), algo que podría explicarse, sin necesidad de pruebas de laboratorio, por la utilización de un dedo chupado o, como ya sospechaba yo, con algo peor.
Y esto, hijo, ese rastro pegajoso, unido a la sorprendente y poco natural limpieza del plato, constituyen una prueba, pero… Circunstancial. Pero en casos como éste, donde existen varias explicaciones a un hecho, o dónde existe una duda razonable, una prueba circunstancial por sí sola, no son hábiles en un juicio y, por lo tanto, no se puede condenar en base a ellas.

Encontrar el cadáver de un amante en un callejón muerto de un disparo y hallar en la casa del cornudo un revolver que coincida, es una prueba circunstancial, increíble pero cierto, tal revolver no demuestra la culpabilidad. Por eso, en casos similares, el interrogatorio de sospechosos es imprescindible y esclarecedor. Los nervios, coartadas insostenibles, motivaciones, etc. provocan en la mayoría de los casos el derrumbe del culpable. No creas que cualquiera tiene dotes interrogativas, hay que saber leer el lenguaje corporal y dirigir las preguntas de una forma más imperativa y no tan condicional. Por eso te he mirado fijamente a los ojos, quería saber hacia dónde dirigías tu mirada a la hora de la respuesta: Arriba-Izquierda para acceder a la memoria, hacia la derecha para echar mano de la imaginación, abajo-derecha si tu intención es sopesar las consecuencias de tu respuesta… Y por esa razón no te he preguntado de forma abierta: "¿Cómo has podido dejar el plato tan limpio?" O, lo que sería una pregunta de un mediocre interrogador "No habrás usado el dedo o algo peor para limpiar el plato, ¿verdad?" pues ya ofreces una salvación al acusado. No, en el complicado arte de la interrogación hay que ser tajantes y no dejar vías de escape. Por eso, y ya sabiendo yo la verdad de todo este complicado asunto, te he mirado a los ojos y he atacado con la más grave de las acusaciones posibles:
-  Hijo, sé perfectamente que has chupado el plato con la lengua –pero hay que dejar una tabla de salvación al acusado, tenderle la mano para su confesión, por eso he suavizado el tono para animarte con un - ¿verdad?

Has reaccionado bien, debo decirlo. Has clavado tus ojos en los míos y, aunque han brillado por la sorpresa, como pensando "¿Cómo demonios lo ha adivinado?", te has acogido a la quinta enmienda y has permanecido callado. Creías haberlo planeado todo, creías no haber dejado pruebas. Siempre lo creen los criminales. Pero… Hay pruebas irrefutables, hijo, y tú has dejado una. Sí, hijo, una prueba irrefutable que me demuestra sin género de dudas, que tras acabar con las croquetas, cogiste el plato con las dos manos, sin compasión lo llevaste hasta tu cara, sin escrúpulos ninguno sacaste la lengua y con un deleite perverso rechupeteaste todo el plato describiendo una perfecta espiral aurea acabando con el más mínimo rastro del azúcar. Sí, no hace falta confesiones, no hace falta que digas una palabra, no me hacen falta echar mano de tus antecedentes como cuando encontré fideos en lo alto de tu cabeza, o tus huellas de chocolate en la pared. Ya lo decían Scaly y Mulder: La verdad está ahí fuera. Ya nos legó Horatio Cane su "Las pruebas nunca mienten" Sí, hijo, no me hace falta ningún laboratorio ni artificio para saber que eres culpable, me basta y sobra con encontrarme con ese residuo granular de color blanco que cubre por completo tu nariz.

Ese residuo de tu pequeña y perversa nariz es azúcar. Ese azúcar sólo pudo llegar ahí si tu nariz tocó el plato. Que tu nariz tocara el plato, unido a la perfecta espiral aurea de saliva, demuestran que tu insaciable lengua fue el arma del crimen y, esto, hijo, constituyen lo que se denomina una "prueba irrefutable".

A partir de ahora, recuerda hijo, que debes evitar dejar pruebas, pero también cuídate mucho de las evidencias. Y sobre todo, querido hijo, debes saber que el mayor enemigo del criminal no es la policía o los detectives tan agudos como yo, sino la propia naturaleza humana y sus avaricias, ansias y vanidades. Si hubieras dejado algo de azúcar… Pero no, no pudiste controlarte, por eso estamos aquí y por eso, en este mismo instante y con gran deleite por mi parte, te condeno: Apaga la tele y termínate el yogur… con la cuchara, desde luego. 

jueves, 10 de abril de 2014

Voy a intentarlo...

Voy a intentarlo.

Sí, te voy a "contar" una canción. Es esa que escuchas una mañana perezosa, un día más, otro que pasa sin que los sueños que tienes se intuyan siquiera. Esa que el dial de la radio te tararea por sorpresa cuando vuelves ya cansado... cansado de muchas cosas. Empieza lenta, el compás rítmico de una baqueta que te hace sonreír y piensas y recuerdas: "qué buena..." Y tu dedo reniega de tus frustraciones, se une al compás, golpea el volante y te amplía el dibujo de tus labios. Y entra el bajo, tan serio como parece, pero tan contagioso que el resto de tus dedos se desentumecen, mandan a la mierda a tu pereza, a tus quejas y protestas, y siendo mano, bailan con el volante. La energía parece regresar, esa que dejaste en brazos de tu amor de juventud y que te hacía hacer tonterías porque, simplemente, era divertido.  Y una voz te canta: "era sé una vez…" Conoces la historia, pero da igual, tu lengua se acerca al paladar y, sin ser silbido, silba mientras tu sonrisa ya no es de añoranza, empiezas a estar bien. Comienzas a vislumbrar la luz del día, esa que tienen todos pero que pocas veces entendemos. Con un limpio punteo, una guitarra se une al crescendo. El blus deja paso al rock, y el rock riega tu pierna izquierda. Unos con el talón, otros con los dedos de los pies, de cualquier manera, ya son manos, lengua y piernas quien mandan a la mierda un día que parecía ser uno cualquiera. Que bailan alrededor de tus lágrimas frustradas y te retan a espabilar, a que despiertes, a que te levantes de la cama donde llevas tumbado años. A que te olvides penas y fracasos. Y te conquistan al llegar al estribillo. Te rindes, es inevitable. No recuerdas la letra, pero da igual, maldita sea, ¡tarareas!: "Nana na nana nana…" Batería, bajo, guitarra y una voz que ya no susurra, te canta, te cuenta, que hay cosas por sentir, que ya está jodido el mundo para malgastar un solo día, uno de esos que son "un día más" en estar triste, cansado, frustrado, fracasado, porque cuando tengas uno de esos otros "días de menos", si has bailado y cantado lo suficiente, podrás hacerlo también esos días, que es cuando se necesita de verdad. Y al llegar al segundo estribillo, lo comprendes, y estallas de forma controlada, algo es algo, y en la intimidad del atasco, te dejas llevar. No sabes la letra, o no sabes inglés, o ni tan siquiera conoces la canción, pero te lleva… y te inventas la letra, al fin y al cabo, estás solo, nadie te escucha.  Algo temeroso, miras a los lados y ves caras grises de personas que viven lo que tú vivías: un día más… Ocurre. Cantas con fuerza, pronuncias que das pena, tus padres tiraron el dinero con las clases de inglés, pero… ¡qué más da! ¡Canta, joder!  ¿Vergüenza? ¡La vergüenza es esa gilipollez que te impide hacer cosas que te hacen sentir bien! Tus manos bailan entre el volante y la palanca de cambio. Tus piernas rockanrolean. Tu cintura chirrían desengrasándose y piensas… Si estuviera en mitad de la nada… Bailaría como un loco. Y no te das cuenta: Ya estás en mitad de la nada. Porque a ninguna de esas caras grises les importas una mierda. De hecho, es muy posible, que si tú bailaras, el camarero que va a la derecha sonría y baile contigo. Sí, no te sorprendas si la vieja que va a la compra, levanta su mano torpe y baile por bulería. Porque lo llevamos en la sangre, queremos No Estar Tristes, ni cansados, ni frustrados, queremos bailar con el volante, tararear, cantar en voz en grito, bailar como locos, porque algo nos dice que esos días que son "uno más" no merece la pena desperdiciarlos con quejas ni sueños perdidos. Pero lo hacemos por… Vergüenza, y la vergüenza la inventó un tío que murió sólo y aburrido, y el día que murió… fue un "día más".

Pero llegas… No encuentras sitio, te cabreas, te rindes. Pero la música no lo hace y mientras andas hacia la oficina, vuelve a ti tarareando en tu cabeza. Subes las escaleras de dos en dos y… te sientes bien. Por un rato, quizás por una hora. Allí, frente al ordenador, piensas en ello. ¿Por qué te sientes bien? Y si la canción era buena, lo comprenderás. Porque no merece la pena estar frustrados, joder. Porque podemos sonreír cuando queramos, silbar, cantar, bailar… sin necesitar motivos, porque nos gusta hacer tonterías si eso nos hace sentir bien y roban una sonrisa, tuya, mía, suya, como cuando estábamos en los brazos de aquella chica y no teníamos vergüenza porque si la teníamos, perderíamos a esa preciosa chica que cantaba fatal y bailaba como una loca pero que... le importaba una mierda, se sentía bien.  Sí, joder, ¡canta! Ponte en pie en mitad de la oficina y baila un rock mientras pateas las carpetas. Los archivadores son la batería, de guitarra la escoba, el micrófono un ratón. Lo peor que podría pasarte, ¿qué es? Porque recuerda, a los que están ahí, esos de las caras grises que ahora andan por los despachos… les importas una mierda. ¿Qué es lo mejor que podría ocurrir? Sí, amigo mío, no te sorprendas si todos pierden la vergüenza, si ese calvo tan callado de pronto se levanta y se pone hacer el robot. O el idiota de tu jefe levanta ambos brazos y se lanza por camarón.

Claro que sí, amigo mío, puede ocurrir, porque en el fondo, todos queremos cantar, a todos nos gusta hacerlo. Y bailar, aunque nos de vergüenza hacerlo desde aquella noche que perdimos a la chica ―nadie te dijo que iba a ser para siempre…―. Porque nos gusta sentirnos bien, queremos sentirnos bien, pero nos rendimos, olvidamos la música, esa canción que nos dice que no merece dejar pasar "un día más" sin intentar sentirte bien. Déjate llevar, libérate y descubrirás que sin mucho esfuerzo, todos los días cantarás y bailarás. Y eso… Es un comienzo.

Yo… Bailo fatal, canto que da pena. Pero miro a mi alrededor y veo que a la inmensa mayoría de la gente les importo una mierda, así que… ¿qué más me da? La simple posibilidad de que, de pronto, estos grises que me rodean se levanten y bailen y canten conmigo, merece la pena. Así que… Voy a intentarlo.

Nana na na nana…

jueves, 3 de abril de 2014

...habrán caído miles

Gotas…

Puedes ser la gota que cae desde la oscura nube, que veloz se dibuja como un trazo y confunde a quien la observa, a quien la espera, a quien la rechaza... y al caer, te estrellas y multiplicas y riegas olvidadas aceras.
Puedes ser aquella que no se estrella, que se agarra en el último momento a la delgada hoja de un sauce, que trata de convencerlo para pervivir juntos, efímero romance, donde uno entrega su esencia y otro la convierte en su sangre.
Puedes ser esa gota que alumbra la mañana, que de la nada, hija de la tierra, asoma su reflejo para evaporarse sin rencores, y asciende ligera, y se entrega a los vientos, y alimenta otras nubes, en otras comarcas, y alguna calurosa tarde... regresa.
Puedes ser aquella gota que a veces riegan mejillas, que suavizan tristezas, que destrozan sonrisas... A veces valientes, otras suicidas, que curan heridas o con su salado sabor... las recrudecen. Que dicen "esto duele" a veces, que siempre dicen adiós cuando el adiós duele.

Hoy llueve. Las veo, os veo, jugando en el cristal ignorantes de que pronto escampará. Y por eso pienso... Pienso, maldita sea, que en el fondo, algún día, por algún momento, seremos cada una de estas gotas. Y seremos alivio para la sed de alguien que precisa florecer; seremos la sangre de quien sueñe con un romance tan efímero como la vida; seremos rocío aquellas mañanas que nos marchemos sin rencor. Y, seguro, en algún momento, tarde o temprano, seremos lágrimas, de sonrisa puede, y seguro que también de un adiós.
Pero jamás seas como la primera. Gota kamicace que cruza por la tormenta sin otro destino que estrellarse, porque si así fuera... ¿qué dejarías tras engañar con tu trazo a quien te observó, tras estrellarte contra húmedos adoquines, tras evaporarte en baldías aceras? Ni tan siquiera un bonito recuerdo, pues descubrirás, diluyéndote en sucios charcos, que como tú… habrán caído miles.


f.j. Rohs

lunes, 17 de marzo de 2014

Carajo O Meditado Ensayo sobre La Crisis

Recuerdo que de niño, en una reunión familiar donde planeábamos un viaje, como nadie hablaba de mi posición en el coche (que siempre me tocaba en el maletero, sin silla ni nada, junto al perro y sobre las maletas, bien a gusto), solté a bocajarro una expresión que pensé culta por haberla escuchado a algún adulto. Los niños siempre están deseando hablar como los adultos, y cuando somos adultos nos damos cuenta de que mejor sería dialogar como los niños. En fin: tú aquí, tú allá, tú con tu hermana en la de arriba… y de mí que se olvidaban. En el primer silencio oportuno la pronuncié tajante y orgulloso:  

«¿Y yo qué? ¿Me voy al Carajo? »

Se hizo el silencio y un frío recorrió mi espalda. Al instante comprendí que aquella palabra, Carajo, no era adecuada ni a mi edad ni al contexto. Mi padre, estricto como nadie con los tacos, me miró.

  ¿Tú sabes qué significa esa palabra? —me preguntó. Y yo, viendo la reacción del auditorio, enrojecido pues vislumbraba que no era tan gracioso como pensaba, confesé mi ignorancia. Mi padre no me regañó, no me dijo ni mú, tan sólo me mandó a la biblioteca, a la tercera planta, a buscar el significado de tan misteriosa palabra en alguno de los 50 diccionarios que tenía.  Para mí subir a la biblioteca no era precisamente ningún castigo, pero los diccionarios no eran tan divertidos. Cómo no, le hice caso.

carajo.
(De or. inc.).
1. m. malson. Miembro viril.
2. m. despect. malson. Col., C. Rica, Hond. y Ven. U. para suplir el nombre de un hombre que no se quiere mencionar para desvalorizarlo.
(Y se aceptan unas cuantas acepciones que veremos a continuación)

Desde aquél día creo que no he vuelto a usar tal palabra. Ya no me gusta, pero ayer, creo que fue ayer, me di cuenta de que hoy es un buen momento para usarla, pero usarla como es debido, en todas y cada una de sus acepciones, porque para hablar de lo que quiero hablar, me viene que ni pintado. Es el momento.

Y de lo que quiero hablar es de la crisis.  Sí, ya sé que está demasiado machacado el tema, pero es precisamente por ahí por dónde van los tiros. Bien, hablemos de Crisis. De La Crisis. De esta que ya lleva muchos años jodiéndonos la vida. De esa a la que ponemos nombres y apellidos, etiquetas, y… maquillajes. Los Políticos vende-mentiras, los Gobiernos títeres, los Bancos tiranos, Monarquía de guante blanco y pata de palo y de los asquerosos millonarios que se pasean en yates junto a las pateras… Bien, quiero confesaros que a mí esta jauría me la repampimfla, me importan la cuarta acepción de nuestra palabra: Un Carajo.

Lo que ya no me importa tanto es lo que veo a mi alrededor y que me hace preguntarme que qué fue antes, si la crisis o los "crisificados". Yo no sé si esta Crisis del Carajo nos ha nublado el intelecto o por tener nublado el intelecto nos han colado la crisis aquellos a los que no les está afectando en absoluto.

Me explico.
El otro día fue un día genial. Comenzó como todos, yendo al trabajo y encontrándome atrapado en un atasco del Carajo provocado por una endemoniada rotonda. Como es normal, las caras de todos eran, ya desde bien prontito, de asco y cabreo. Pitidos, insultos y demás tostadas de desayunar. Un Ejecutivo con un deportivo del Carajo metiendo el morro y la señora con el panda acelerando. Un chaval con su corsa metiendo el morro más allá y un directivo con su BMW cerrándole el paso, y así hasta convertirse aquello en un sindiós, un perro del hortelano, ni paso ni dejo pasar, que yo tengo mi orgullo y al ejecutivo que le den y al niñato del corsa también. Por fin llego y tras varias vueltas, consigo aparcar, justo a tiempo de tomarme un cafetito rápido antes de entrar. 1,60€ por un café de pseudo-máquina y en vaso de cartón, aún me pregunto por qué de tal precio, es posible que sea que porque si quieres un café allí, es lo que hay, si no cógete el coche y te vas al carajo a pagar 1,20. Bah, por 40 céntimos, total… Igual es por esto, tú. Por fin subo a mi amado trabajo, dónde está mal visto hablar y congeniar con el compañero, no vaya a ser que se cree buen ambiente. Media hora después y llegando tarde, llegó mi jefa con cara de asco (igual pilló el atasco o probó el café, o ambas cosas) y manda reunión. Exigencias de productividad, que la empresa va mal, etc. ¿Cambios por parte de la dirección de la empresa? ¿Nuevas bases de datos? ¿Estrategias innovadoras? ¿Eh? ¿Te ha sentado mal el café, majo? No, tiramos con lo que hay, pero debemos aumentar las ventas en un idílico escenario económico, y si no te gusta, ya sabes lo que hay, 6 millones de parados que suspiran por tu puesto, así que aprieta el culo o te largas.
Llegó el descanso y hablando de forma clandestina con los compañeros, no vayan a pensar que hay confabulaciones, que como las meigas… Les explico la reunión y dos me cuentan: «Y yo haciendo lo imposible para que me echen, que ya he conseguido 5 meses de paro» el uno. Y el otro: «Pues a mí me han dicho que o firmo la voluntaria o me olvide… Vamos, que no quieren soltar el finiquito»

Superé el día de trabajo mal pagado y amenazado, y por fin llegué a mi casa. Por la tarde decidimos darnos el caprichazo de dar un paseo por un hipermercado, no estamos para mucha fiesta. Y allí, anonadado, no dejé de ver a gente comprando como si le fuera la vida en ello, las bolsas superaban a las personas en una relación de 3 a 1. La sección de electrónica me heló la sangre. Juraría que vi sangre entre dos señores que se disputaban una Tablet de última generación. Los chavales, con los ojos como platos y con cara de Zombie, miraban una pantalla gigantesca mientras un crio de 12 años le reventaba las tripas a un monstruo asqueroso. Una chavala babeada mientras jugueteaba con el SmartPhone deTuttiLux 4g 7.0x mientras una señora, mirando por encima de su hombro, metía la mano en su bolso. Me temí lo peor, y no era que sacara una pistola de descarga eléctrica, sino la visa gold para pagar el envidiado juguete de su hija.

Estaba confuso y miré a mi mujer:
  Cariño, ¿Es que ya estamos en Navidad… otra vez?
  No, son las rebajas…
  ¿Rebajas? Pero si estamos todo el año de rebajas… —murmuré incrédulo.
  A esto lo llaman rebajas, a lo del resto del año… Ofertas y promociones. 10 días de platino que en realidad es un mes. La Semana del Menaje que en realidad es un mes. Tres días sin IVA que en realidad es una semana…

No lo pude soportar más.  Apunto de desfallecer, todo pedante e iluso de mí, puse rumbo a mi idílica sección, aquella que es un reducto de cultura, conocimiento y paz: La Librería. Y al entrar en ella, todas mis esperanzas se desvanecieron ante la aplastante realidad de los Top 10 más vendidos.

Bien, yo no quiero hacer sangre, que no compré los derechos para escribir ni seré yo quien juzgue a tan avispados autores. No entendáis mal mis infectadas directas, tan sólo hago un fiel reflejo de lo que vi.

Con el número uno, la apasionante historia de Belén Esteban, un referente cultural, un espejo donde la Rae se cepilla sus barbas, una pluma tan ágil y liviana como el pedo de un bebe, pero con una lengua en la que nuestra palabra Carajo se sentiría tan incómoda como yo en la sección de lencería. Belén y sus profundas reflexiones se cotizan a sólo 18 euracos.

Con el número dos, la Autobiografía de David Bisbal, un tipo que me cae bien, muy majo, y eso que no le conozco, pero supongo que comprando su autobiografía podré recordar su trayectoria que, si mal no recuerdo, la hemos vivido todos los españoles en primera persona, que aún recuerdo su salto de emoción al perder y quedar segundo en ese concurso que sólo empezó a ser divertido con Ristro y que sin haberlo comido ni bebido, me sé hasta el nombre de su banda: Expresiones. En este caso David tiene algo más de Caché: 19 eurillos. (David, por dios, sin acritud, eh?, que yo te voté…)

Con el número 3: Mi querido Zapatero con su Dilema. No estoy aún preparado para leerlo, dejadme unos años que mi recuerdo sobre este señor se vele un poco, así, para tomar perspectiva. Pero no pude evitar sonreír por dos motivos. Primero pensé: ¿Aún no lo tienes claro, macho? Y luego pensé en que su editor no fue listo, pudo haber pagado los derechos de autor a Supertramp y llamar al libro "¿Crisis? What crisis? Nuestro amado expresidente está al alza: 21,50€ que no le vienen mal, supongo, que le habrá quedado una pensión muy baja... Este sí que consiguió su finiquito como dios manda…

Con el nº 4, 5 y 6 Las Sombras de Grey. Esta pobre rima que acabo de componer es lo más cercano a… Bueno, no me quiero meter, lo dejo ahí, todo al aire, digo en el aire, que es comprensible que después de reflexionar con Belén, deleitarte con la épica vida de David y vivir el asfixiante ambiente de misterio sin resolver del Dilema de ZP, uno debe de terminar con ganas de… de… de leer algo que se acerque un poco a la literatura. Tras leer tales obras clave de nuestra cultura, yo estaría dispuesto a pagar los 17,50€ por pechuga y muslo, digo, por tomo y lomo.

No pude seguir con aquello, miré a mi alrededor buscando algún escritorzuelo que me sacara de aquella pléyade de cultura pues comenzaba a sentir una especie de Síndrome de Stendhal pero a la inversa, como si en vez de salir de la Basílica de la Santa Cruz de Florencia, estuviera entrando en el teatro de La Moncloa y contemplara a Rajoy y su séquito interpretando Titanic, versión adaptada de A. Merkel. En mi recorrido de auxilio vi cosas que no creeríais, Novelas (o algo así) en venta escritos por políticos que creía en el carajo y que florecían como amapolas en primavera al candor de esta crisis que ellos fomentaron… Libros sobre Dietas Milagrosas a las que sólo les falta en la portada el "Antes y Después" de su autor. Abundante literatura de auto-ayuda que te hacen pensar: "¿Cómo demonios superaron nuestros padres y abuelos sus crisis y problemas si antes no existían estos libros?" Y en una apartada esquina, una pila de Novelas polvorientos en el cajón de las ofertas 2x1 gritaban: ¡No digáis que por falta de talento enmudeció la lira! No lo digo yo, amigos…

Sólo existía algo que pudiera paliar mi descalabrado día. Nos fuimos a tomar un café en taza de cartón, eso sí, a 1€. Pero allí, un niño vestido con un uniforme desgastado y un siete en la rodilla, se estaba comiendo, cual gorrino muerto de hambre, un helado barato mientras hablaba como un macarra. Al tiempo, su madre, era absorbida por la inmensa pantalla de su teléfono móvil de última generación, un aparato mágico que le enlazaba o conectaba a un mundo tan maravilloso. Sé que es un esfuerzo supremo perdernos la última foto del gatito gracioso, o de la última Frase Maestra de Cohelo, o de los emoticonos que nos envía (pues ya ni escribimos) nuestra prima Rita. Así debió sentirlo la madre cuando su hijo, dándole un golpe al teléfono, ya harto de decir improperios sin conseguir llamar su atención, le dijo:

  Mamá! Deja el teléfono! —a lo que la madre le contestó.
  ¡Pedro! ¡No me molestes, carajo! ¡Cómete el helado, coño!

Mi último recurso para arreglar ese día era dejarme caer en el sillón y distraerme con la tele, que algo echarían, ¿no? Pues no. En un canal nos deleitaban con un Reality de 15 zánganos que no han pegado un palo al agua, decían que famosos, incluso una escritora, decían, pero aunque me sonaba el nombre, no daba crédito, no podía ser… En otro canal, un salvaje y lujoso debate donde se despiezaban a los anteriormente mentados concursantes. En otro canal, uno de los habilidosos periodistas que despellejaban a los concursantes, era a su vez despellejado por otros vivaces periodistas (¿?). En el cuarto intento, un programa de exclusivo rigor periodístico, políticos y analistas rojos llenaba de mierda a políticos azules. Y en el quinto intento, de objetivo análisis de analistas y expertos azules, se ponía sobre estiércol a políticos rojos. Por un momento me vi en el patio del colegio: Tú, no Tú, tú más, no, tú mucho más… y se pasa el recreo sin llegar a nada.

¡Carajo con la crisis! ¿De qué estamos hablando? ¿Crisis financiera? ¿Deuda soberana? ¿Sobornos, estafas y otras hierbas? ¿Manipulación de Los Medios y la Enseñanza? ¿Seguro que hablamos de eso o es eso lo que nuestra indolencia ha permitido?

Yo me pregunto (y me incluyo, no por falsa modestia):

1 —Si no somos capaces de dejar pasar a un juppie porque va con un cochazo, pero tampoco vamos a dejar pasar a la señora listilla del panda… ¿Hablamos de Economía?

2 —Si aceptamos pagar más, mucho más, un café por el simple hecho de que "es lo que hay"… ¿Hablamos de Robos de guante blanco?

3 —Si en nuestros trabajos está mal visto el buen ambiente y aceptamos la amenaza para callar nuestros derechos, como por ejemplo, un trabajo digno… ¿Hablamos de Extorsión?

4 —Si estamos deseando cubrir el expediente para cobrar el paro y mandar a la mierda a los jefes… ¿Hablamos de Estafas?

5 —Si nos dejamos esclavizar y como rebaños de corderos conquistamos centros comerciales por adquirir "mierdas que no necesitamos con dinero que no tenemos"… ¿Estamos hablando de Deuda Soberana?

6 —Si elevamos a los altares y convertimos en referentes culturales a ídolos de barro, políticos cobardes y profesionales ineptos al módico precio medio de 18€ por mediocre… ¿Hablamos de Boicot Cultural?

7 —Si suplimos la más elemental y esencial de las relaciones personales (y los helados) por "consoladores sociales" y reducimos una buena charla al intercambio de fotitos de gatos y emoticonos chorras… ¿Hablamos de Educación deficiente?

8 —Si nos drogamos, ya cansado de tanto luchar y rebelarnos contra los cabrones que nos lideran…, con estiércol televisivo consumido sin preguntas, y bailando al son de los mediocres, tomamos partido según qué canal y formamos inconscientemente ideologías baratas… ¿Hablamos de Manipulación de Medios?

Soy escritor y, por lo tanto, adorno "un poco" las preguntas. Pero son preguntas sencillas y las respuestas, dependiendo del grado de intimidad dónde las demos, también lo son. Estas preguntas son el hilo que teje la camisa que vestimos hoy en día, nuestro silencio son los botones que, abrochados hasta el cuello, ya casi no nos dejan ni respirar. Hemos engordado tanto alimentándonos de quejas, protestas y lloriqueos… que es triste estar convencido de que antes se rajará por la presión de nuestra grasa que por voluntad de rasgarnos con nuestras propias manos tan sucias vestiduras. Maldita sea, media historia de la humanidad se ha escrito con luchas, guerras y revoluciones contra la esclavitud y por la libertad, ¡carajo!, que uno sólo me diga una diferencia entre tan oscuras épocas y ésta. ¿Realmente somos libres? ¿De verdad lo crees? Y a ti, ¡oh hombre elevado!, que tan convencido estás de tu libertad que te brillan los ojos por el orgullo de decir: ¡Sí, a mí me la pela la tele, los periódicos y los políticos! y entonas con voz cavernosa: "Soy el amo de mi destino", me gustaría preguntarte: ¿y por qué carajo no haces nada por los esclavos? Es posible, iluminado héroe, que tu libertad sea la del toro bravo, animal admirado que bufa lo que quiere, rumia donde le place y trota en su pradera, y lo hace todo dentro de un cercado y con la impronta de su amo en el culo. Sólo serás consciente de "tu libertad"  ante la puerta de chiqueros.

Sí, amigos, porque somos revolucionarios de bar, rebeldes de sobremesa y soñadores de almohada. "Ellos" se están partiendo de risa, se frotan las manos y amasan sus horondas panzas deleitándose con un festín que dura casi tanto como la idolatrada Democracia, esa Democracia que descendió de la montaña hecha de piedra y que las manos de herederos miopes y avariciosos han tallado hasta convertir en un vellocino de oro. El problema está en que no veo a ningún Moisés por aquí cerca que ponga un poco de orden. No hay cojones, y si no los hay, señores, esto se va al carajo.

Dicen que el primer paso para superar un problema o una crisis personal es aceptarlo y asumir el grado de culpa. Tenemos unos líderes de mierda, una clase política vergonzosa y todo lo que queramos. Y estoy de acuerdo. Estoy de acuerdo en que les interesa adoctrinar con los programas educativos, pero cuando llegan a casa estamos los padres. Estoy de acuerdo con que los Medios están manipulados, pero nosotros tenemos el mando. Estoy de acuerdo con que nos recortan derechos fundamentales, pero tenemos las urnas (por si nos da por evitar el "efecto ping-pong") y tenemos… la calle. Pero aquí seguimos, discutiendo en el restaurante, enervados y con un gintonic con frambuesitas. Chateando revoluciones por Wathsup con nuestro smarthphone de última generación. Colgando frases de Cohelo sobre la libertad en nuestro muro de Facebook. Y escribiendo proclamas como estas en nuestros blogs. Ya os puedo anticipar que las próximas elecciones las van a ganar "uno de esos dos", y eso ocurre porque esta tierra, desde que nació nuestra amada democracia, anda dividida en dos, y aunque estamos acercándonos gracias a sus ineptas administraciones, aún no somos UNO. UN PUEBLO, SOBERANO, QUE DECIDE QUE NINGUNO DE "ESOS" VALE PARA NADA. Pues esa soberanía nos la dio La Democracia que bajó de la montaña.


Y ahora que me planteo el porqué de este ensayo, no lo encuentro. Quizás porque el otro día me sobrevino una pregunta inquietante: ¿Es posible que "algunos" estén interesados en que sigamos hablando de Crisis Financiera y así no darnos cuenta de que es otro tipo de Crisis mucho más grave, como por ejemplo, de valores, de principios, de prioridades?

Llamadme loco, pero se me ocurre que podríamos dejar de hablar de crisis financiera y derivadas, que aceptemos la época que nos ha tocado, asumamos nuestro grado de responsabilidad y empecemos a hablar y a arreglar algo mucho más preocupante, algo que ha permitido y permitirá que esta crisis y otras se cuelen en nuestras historias y la escriban por nosotros. Y sí, amigos, hablo de LA CRISIS, con mayúsculas, esa que en la que, desengañémonos, somos tan sólo un daño colateral puesto que los damnificados no son otros que nuestros hijos, de los que somos ejemplo.


En el fondo, está pasando como lo de mi sitio en el coche. Están los "mayores" diciendo: Esto para ti, esto para mí, tú allí y tú acá. Ahora tú, ahora yo. Sólo espero que alguno de nuestros hijos, no ya nosotros, aproveche la mínima y grite en medio de todos: 

¿Y nosotros qué? ¿AL CARAJO? 
¡AL CARAJO VOSOTROS!

martes, 11 de febrero de 2014

Frankestein o el Monstruo de Arístides Green

Nadie me lo ha preguntado, pero bah, los escritores no necesitamos que nadie nos pregunte para hablar de nuestro libro, y más si es la última de sus criaturas. Esta entrada voy a dedicársela a Arístides Green porque el pobre, después de haber sido escrita en muy poco tiempo, se pasó el doble en revisión y el triple en el cajón, con mis dudas sobre si publicarla, si probar suerte en editoriales o si guardármela para mis rituales secretos de auto enaltecimiento y orgullo que en tan altos pedestales nos elevamos los escritores. Y tanto miedo me dio la castaña que me podía dar si seguía con tales rituales vacuos, que venció Amazon y vosotros, los lectores. ¿Es buena? Claro! Yo qué os voy a decir, pero sospecho que mejor someta mi juicio a la opinión pública y que Arístides Green llegue donde tenga que llegar y se caiga desde la altura que se tenga que caer. Flaco favor me haría si sigo sacando lustro a mi ombligo y genial prosa...

Lo he llamado Criatura, y más que ninguna otra lo es. Es un Frankestein con todo su significado y simbolismo. Nació como una idea sencilla (dar vida a unos textos) y se convirtió en un Monstruo que devorará a algunos y a otros provocará compasión. Comenzó con un argumento Romántico, se fue oscureciendo y terminó con todos los ingredientes de una novela de misterio e intriga con toques Noir. Su estilo inicial es muy directo y llano, pero a medida que Arístides crece, profundiza en su psicología hasta que de golpe y sin previo aviso, nos encontramos en el vertiginoso ritmo de un juicio. Quise dar vida a un personaje tan minimalísta que ni siquiera hablaba, y Arístides, dolido, decidió arrancarme la pluma y cobrarse la vida que yo pretendía negarle. Y por último, construí su cuerpo con pedazos y miembros de diferentes orígenes, relatos y cartas que pululaban por mi cabeza y por mis cajones, pero tras el chispazo que originó su vida, se adentró en el tenebroso callejón de una novela nueva manchada con la sangre de tres asesinatos.

Sí, pues esa fue la idea original, un recopilatorio de relatos y cartas, pero al no querer pecar de tópicos, decidí crear un personaje que enlazara unos con otros con cierta coherencia. Arístides Green fue el seudónimo con el que quise engañar a una amiga al mostrarle el texto Intenciones, pero ella me encontró entre sus palabras a pesar de mis esfuerzos. Por eso creí apropiado que Arístides Green fuera el nombre del protagonista, y por la misma razón, por que es inevitable lo autobiográfico en mis relatos, decidí darle parte de mi vida y vivencias a nuestro amigo. Arístides Green es el personaje que más tiene de mí, tanto que a veces me da miedo. El termina en la cárcel y acusado de un triple asesinato, por ahora, la única diferencia es que yo todavía no he sido acusado...

Este libro es el que más veces he escrito: 3 veces. Empecé dando más relevancia a los relatos que unía con un simple pespunte hasta que hacia el final de lo que pensé que sería el recopilatorio, intentando encajar el relato de El Callejón, comprendí que aun siendo un simple pespunte, debía tener coherencia. Me alejé unos pasos y con tal perspectiva, una sonrisa afloró en mis labios. En realidad, todos aquellos relatos y cartas, ordenados en la adecuada posición, definían una idea que llevaba siglos pululando por mi cabeza: El Tiempo. El tiempo que necesito, que exijo, que ansío, que sueño tener para poder escribir lo que realmente quiero escribir. ¿Qué sería capaz de hacer para tener tiempo? ¿Y para encontrar inspiración?
Sabiendo la respuesta y sabiendo hasta dónde llegaría con ella, comencé a escribir la historia de nuevo, prácticamente desde cero. Y los caminos de Green, como los de otro que yo me sé, son inescrutables. La aparición de la Sra. Etreum, inspirada a saber por qué historia (pues me sé unas cuantas que pudieron inspirarla, no soy tan original), llevó a Arístides hasta el soñado lugar donde el tiempo es lo único que tendría. Todo el tiempo del mundo...
Bien pudo acabar la historia ahí, pero el Sr. Green exigió su parte de protagonismo y llegó el juicio. Con los alegatos de la defensa y el fiscal... brotó una carcajada yendo en coche y la sonrisa de un loco se me instaló en los labios: descubrí el engaño que planeaba mi protagonista.
Lo imprimí todo, lo puse a mi diestra y comencé de nuevo, pues conocer tal engaño le dio una perspectiva brutal a la historia, brutal para mi, que me sonreía en cada estrofa nueva que nacía.

Tres intentos de darle vida, y a la tercera, recorrido por la electricidad, me levanté y miré a Arístides Green y le dije: Qué cabrón.

Y esta es la novela que os invito a descubrir, una novela que trató de engañar a su autor, una novela que pretende engañar al lector. Lo conseguirá?

Si quieres saber algo más, te dejo una serie de enlaces y vídeos que forman parte de la novela, pero tranquilos, sin leer Los Papeles Fugitivos de Arístides Green, jamás comprenderéis el significado último de tales relatos. No tengas miedo, pasa y lee.

Video Relato Vagabundo de Tristeza.

Otros textos que aparecen en la Novela:

Y tras esta elocuente y entretenida presentación, si usted quiere que le firme el libro, primero pase por caja y luego póngase a la cola.


viernes, 18 de octubre de 2013

Piaccienccio o El Sueño que No LLega

      La verdad, para qué mentir, empezar engañando en un cuento es algo que no debe hacerse, así que seamos sinceros. Nuestro pueblo, además de pobre, era terriblemente feo. Sí, no era uno de esos pueblos de leyenda, rodeados de inmensos prados de brillante verdor, adornados con eternos bosques más altos que el sol y donde las flores silvestres rojas, amarillas y violetas bebían dulcemente a lo largo de un cristalino río que cruzaba un armonioso pueblecito blanco... No, nada de eso. Las únicas flores que existían, o mejor dicho, persistían, en nuestro pueblo eran los geranios secos de Doña Fiorenccina. La armoniosa construcción consistía en el apiñamiento masivo de casas de mil colores difusos parcheadas con todo tipo de materiales y sin diferenciación a penas entre casa y casa, hasta tal punto que no eran extrañas las peleas a las tres de la madrugada porque Don Marcelo y su mujer, Doña Rigobertta —la regordeta, para el resto del pueblo— se quejaban de los escandalosos ronquidos de Don Albertino que vivía cuatro casas más allá.
      No hablemos de los prados verdes y frondosos porque simplemente, me ponen ustedes en un aprieto... Si es necesario para un cuento tener prados verdes, daremos ese calificativo a alguna extensión medio verde, medio marrón, pues tanto ese como el resto de prados estaban devastados por la continua, singular e inagotable estampida de... ovejas de Don Liborio Armeneto. Nadie sabía qué las daba éste a sus ovejas locas, pero no paraban de correr en todo el santo día y parte de la noche.
      ¿Bosques? Cada vez me lo ponen más difícil. Pero bueno, siendo el autor de esta historia algo benévolo, accederemos a dar ese título a una agrupación de unos diez pinos retorcidos, casi secos que rezaban por no llegar al siguiente invierno y que, de forma inexplicable para los habitantes de nuestro pueblo, cada vez estaban más lejos, como si los pinos pudieran andar...
Es comprensible que a ustedes se les hayan pasado las ganas de leer este cuento, es lógico, con tales insulsos ingredientes, yo mismo veo complicada mi misión. Pero rescataremos de Santa Dona di Piave, que así se llamaba nuestro pueblo, su pequeño río... riachuelo. Porque sí, tenía uno, y aunque muy pequeño y con poco ruido, llevaba agua. Tampoco muy cristalina, pero, la verdad, en comparación con el cuadro que hemos pintado, es merecido resaltarlo e incluso decirlo bonito, porque si no, poco podríamos sacar de él, por sacar no se sacaban ni peces de colores. Los Piavenses se consolaban con la leyenda de una supuesta aparición de la Dona en ese río para poder explicar su inexistente pesca: “Es tan puro que ni los peces se atreven a nadar por él”, decían los Piavenses. Y era cierto. Nunca nadie se le vio pescar nada; y pescador había, uno siempre, pero nada en su vida sacó... Claro, hasta esta historia, que es lo que nos traemos entre manos. Bueno, más o menos...